11 abr. 2011

EL PROYECTO REVOLUCIONARIO ANTE EL RETO DE LA ECOLOGÍA - Carmelo Ruiz Marrer


En el ocaso del neoliberalismo y el surgimiento de gobiernos
progresistas en América Latina se asoma como una gran oportunidad que
no debe ser desperdiciada el retomar el proyecto antiimperialista
tercermundista de mediados del siglo XX. Pero más que retomarlo, hace
falta modernizarlo y ponerlo al día con las nuevas realidades- nuevas
realidades como el cambio climático, el cénit del petróleo, la crisis
alimentaria, la debacle económica mundial, y desastres humanos de
proporciones terroríficas como el derrame de BP en el golfo de México
y, más recientemente, el horror nuclear de Fukushima.
Este proyecto de justicia económica global surgido desde los países
del Sur fue concebido por pensadores destacados, particularmente
economistas progresistas de los cuales es necesario mencionar a R.
Prebisch y C. Furtado, llevado adelante por líderes del tercermundismo
militante, como Nehru, Sukarno, Nyerere, Nasser, Castro y Allende, y
reflejado en el programa de trabajo de instituciones internacionales
como el Grupo de los 77, el Movimiento de Países No Alineados, la
Conferencia de la ONU sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) y la
Comisión Económica para América Latina (CEPAL).
Pero como era de esperarse, el imperio respondió con saña. Ya se veía
venir en el primer informe de la Comisión Trilateral, en el que el
teórico imperialista Samuel Huntington se quejaba de que había un
"descontrol democrático" y que era imperativo restaurar la disciplina
y la gobernabilidad. Primero vinieron los golpes de estado en el cono
sur y su secuela de dictaduras y desaparecidos, necesaria para
eliminar cualquier posible oposición al jihad económico del profesor
Milton Friedman y sus pupilos de la Universidad de Chicago (lo cual le
ganó el Nobel al señor Friedman), y después las políticas retrógradas
y beligerantes de Reagan y Thatcher. La contrarrevolución económica
global estaba en pleno auge. Las instituciones de Bretton Woods (Banco
Mundial, Fondo Monetario Internacional) usaron su poder no para
adelantar el desarrollo económico de los países del Sur sino para
poner sus economías en sindicatura y desmantelarlas. Se impuso la
ideología del neoliberalismo mediante cátedras e institutos
generosamente financiados desde el Norte, y un periodismo burgués
afiliado a la Sociedad Interamericana de Prensa. Para rematar, se
renegociaron los términos del comercio global en la Ronda de Uruguay,
la cual llevó a la formación de la antidemocrática Organización
Mundial de Comercio.
Pero después de la larga noche del neoliberalismo llegó el ALBA. Con
el descrédito y hundimiento del modelo neoliberal los sectores
progresistas y populares recuperaron la iniciativa y cambiaron
gobiernos mediante elecciones (Venezuela, Brasil, Uruguay) o
revoluciones (Ecuador y Bolivia). La más clara señal de que la marea
había cambiado fue cuando movimientos sociales de todo el hemisferio,
junto con los gobiernos de Brasil, Argentina y Venezuela, dieron al
traste con las pretensiones del gobierno de Bush II de establecer un
Área de Libre Comercio de las Américas, que hubiera arropado al
hemisferio bajo la dominación económica de Estados Unidos.
Desde entonces, el nuevo progresismo ha hecho avances electorales en
casi todos los países de América Latina. La Alternativa Bolivariana de
las Américas se perfila como alternativa a bloques económicos
subordinados a EEUU y Europa, y aparecen una serie de nuevas
instituciones regionales, como UNASUR y el Banco del Sur, y numerosos
medios noticiosos bolivarianos, como Telesur y ABP.
Este es el momento más propicio en décadas para reanudar el proyecto
progresista al que referimos al principio de este artículo, y
repetimos que hay que adaptarlo a la nueva realidad global. El
proyecto original que surgió en las décadas de los 50 y 60,
fundamentado sobre la crítica estructuralista, el pensamiento
desarrollista y la teoría de la dependencia, no tenía sensibilidad
hacia lo ecológico. Es de entenderse, quienes desarrollaron este
ideario fueron hombres de su tiempo, no tenían la información que
tenemos hoy.
La reacción inicial a los planteamientos ambientalistas fue
hostilidad: '¿Cómo pretenden los blanquitos privilegiados del Norte
que nos ocupemos de las ballenitas y las mariposas cuando nuestra
gente padece de hambre?', preguntaban retóricamente a los
ambientalistas del Norte que cuestionaban los impactos ambientales de
los megaproyectos que se construían en el Sur. Mahathir Mohamed,
primer ministro de Malasia de 1981 a 2003, lanzó numerosas arengas
contra los ambientalistas, a quienes declaró enemigos del desarrollo
económico de los países pobres. Pero en parte tenian un punto válido
en sus reservas acerca del ambientalismo del Norte. Gran parte de ese
ambientalismo, lo que se conoce en inglés como mainstream, era
subvencionado por la elite mediante fundaciones y patrocinios
corporativos, de visión Malthusiana y encajado dentro de las paranoias
de la guerra fría- un ambientalismo elitista, tecnocrático, sin visión
social, que miraba las aspiraciones de desarrollo económico del tercer
mundo con suspicacia, y hasta hostilidad.
Pero en los años que siguieron ocurrieron una serie de desastres nada
naturales que obligaron hasta el más sonámbulo a considerar la
destrucción ambiental como un asunto serio, para nombrar solo unos
pocos: Love Canal, Bhopal, Chernobyl y Exxon Valdez. El evento clave
en la paulatina y gradual creación de conciencia sobre la problemática
ambiental entre políticos de todas las ideologías y de todos los
países del mundo fue la Conferencia de Naciones Unidas sobre Ambiente
y Desarrollo (UNCED), celebrada en Río de Janeiro en 1992. La UNCED,
recordada como la Cumbre de la Tierra, fue la mayor reunión de jefes
de estado en la historia y posiblemente la más importante actividad en
la historia de la ONU. Tras este trascendental evento se perdió la
inocencia, ya nadie en la vida pública o aspirante a algún liderato
político podría alegar no saber nada de la crisis ambiental o no haber
oído el término 'desarrollo sustentable'.
Pero se trata de más que hacer desarrollo económico con algunas
salvaguardas ambientales. La evidencia y la historia muestran que las
economías de los llamados países desarrollados, que son para los
gobernantes del Sur el modelo a seguir y emular, no son sustentables
en modo alguno, ya sea desde el punto de vista político, económico o
ecológico. Este tipo de desarrollo no es posible alcanzar sin acceso
ilimitado e irrestricto a los recursos de otros países, lo cual es
posible solamente mediante invasión militar, intervención encubierta,
o tratado de libre comercio. Dicho de otro modo, no es posible sin
imperialismo.
Esta observación es especialmente vigente e importante ahora en vista
del ascenso de los países emergentes, que incluyen a China, India, los
tigres del Sureste Asiático, los emiratos del Golfo Pérsico, y Brasil.
Estos países de rápido crecimiento podrían ser considerados de clase
media. No importa la ideología que promulguen, lo cierto es que las
prósperas clases medias y dominantes de estos países miran a Estados
Unidos como el modelo a seguir.
Quien dude que pueda haber desarrollo al estilo USA sin imperialismo
solo tiene que ver cómo China se ha movido agresivamente hacia el
Medio Oriente, Africa y América Latina para obtener los recursos
estratégicos que necesita para su voraz crecimiento. Y Brasil, con su
hambre insaciable de energía y recursos minerales, proyecta una sombra
sobre todos los países suramericanos, lo cual causa en el continente
grados variables de recelo y alarma.
Las implicaciones ecológicas de las ambiciones de los países
emergentes son altamente preocupantes. La industrialización de Europa
y Estados Unidos en los siglos XIX y XX se realizó en un planeta con
recursos naturales y ecosistemas prácticamente vírgenes. Pero estamos
en un mundo muy distinto hoy. La Evaluación de los Ecosistemas del
Milenio (trabajo colectivo de sobre 1,300 expertos), el estremecedor
informe de 2007 del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, y
los informes anuales de 'Estado del Mundo' del no gubernamental
Instituto Worldwatch, muestran claramente que los sistemas naturales
que posibilitan la vida humana en el planeta y los suministros de
recursos (particularmente los no renovables) en los que depende la
economía mundial están en peligro inminente de colapso. Si el planeta
fuera una cuenta bancaria, se podría decir que no estamos viviendo de
los dividendos sino comiéndonos el principal.
No hay manera de evadir la realidad: no hay posibilidad de un segundo
despegue industrial. Los recursos naturales y espacios ecológicos se
hacen escasos y simplemente no dan abasto hoy. Dijo el economista y
ecologista E.F. Schumacher:
"Es obvio que el mundo no puede sostener (afford) a Estados Unidos. Ni
tampoco a Europa Occidental o Japón. De hecho, podemos llegar a la
conclusión de que la tierra no puede sostener el 'mundo moderno'... La
tierra no puede sostener, digamos, 15% de sus habitantes- los ricos
que están utilizando todos los maravillosos avances de la ciencia y
tecnología- para indulgir en un crudo y materialista modo de vida que
saquea la tierra. Los pobres no hacen mucho daño... Prácticamente todo
el daño está hecho por ese 15%... Los pasajeros problemáticos de la
nave espacial Tierra son los pasajeros de primera clase y más nadie."
Estas palabras las dijo en 1973. Así que como ven, no somos los
primeros en plantear esto. También, la célebre activista
eco-feminista, autora y educadora ambiental india Vandana Shiva lleva
un par de décadas precisamente advirtiendo que si el Sur se pone a
imitar los patrones de desarrollo económico del Norte industrializado
el resultado sería un catástrofe global. Y antes que ella, su
compatriota Mahatma Gandhi había hecho advertencias similares. El
declaró una vez que "Si la India se decide a imitar a Inglaterra, será
la ruina de la nación". Gandhi era no solamente luchador
independentista y titán del activismo no violento, sino que además sus
observaciones sobre desarrollo económico y sus propuestas de
autodependencia local hicieron de él un importante pensador
pre-ecologista adelantado a su tiempo.
Gandhi tenía diferencias con su contraparte modernista, el primer
ministro Jawaharlal Nehru, precisamente en torno a este punto. Cito al
eco-filosófo alemán Wolfgang Sachs:
"Gandhi quería sacar los ingleses del país para dejar que India fuera
más india; Nehru, por su parte, vio la independencia como la
oportunidad para hacer a India más occidental. La bala de un asesino
evitó que la controversia entre ambos héroes de la nación llegara al
público, pero la correspondencia a lo largo de una década entre ambos
claramente muestra los asuntos en cuestión."
Años después de la muerte de Gandhi, su pensamiento influyó
decisivamente sobre el ya mencionado Schumacher, uno de los más
importantes precursores del radicalismo ambiental moderno y de las
políticas de los partidos verdes. Su libro "Lo Pequeño es Bello", un
ataque frontal contra las premisas de la modernidad y la tiranía del
economismo productivista, es considerado un clásico del pensamiento
ecologista.
Afortunadamente hay numerosos otros referentes valiosos para formar e
informar un proyecto revolucionario que armonice el progresismo con el
ecologismo y asuma los mandatos incumplidos de aquel tercermundismo
del siglo pasado. En América Latina, por ejemplo, se están impulsando
propuestas de post-extractivismo, lo cual significa el sacar la región
del modelo de capitalismo dependiente basado en la extracción de
recursos naturales para exportación, y darle primerísima prioridad al
uso local de estos recursos para facilitar un desarrollo
verdaderamente local, nacional y "endógeno".
Esta propuesta no está confinada a pequeños círculos de intelectuales
sino que está cobrando auge entre movimientos progresistas y
alternativos, organizaciones no gubernamentales y recintos
universitarios. Más importante aún, las nuevas constituciones
progresistas de Ecuador y Bolivia son post-extractivistas en
orientación.
No es posible abordar la reconciliación de la ecología y el
antiimperialismo dentro del marco de una propuesta post-extractivista
sin hacer referencia a la figura del presidente boliviano Evo Morales.
El presidente Morales ha puesto la ecología en el centro de su
discurso político y es el único jefe de estado en el mundo que asume
una postura explícitamente antiimperialista y anticapitalista, a la
vez que incorpora avanzados conceptos de ecología.
En la cumbre de la ONU sobre cambio climático en Copenhague en 2009,
Morales llevó la voz cantante en pro de los intereses de los países
pobres, los cuales son los menos que tienen culpa de la caos climático
y los que más se perjudicarán, y a la vez dirigió la denuncia en
contra de la inacción e hipocresía de los países industrializados, en
particular Estados Unidos. En respuesta al fracaso de la cumbre de
Copenhague, convocó a una conferencia mundial de la sociedad civil
para enfrentar el problema y formular un plan de acción, que se llevó
a cabo en Cochabamba en 2010. Esta actividad estableció a Morales como
indiscutible líder ambientalista a nivel mundial y exponente de un
ambientalismo progresista.
Pero para poder dilucidar nuevos referentes y caminos hacia un
post-extractivismo latinoamericano es más importante conocer el
activismo no gubernamental- sociedad civil, ONG, pueblos indígenas,
ecologistas- que seguir los pronunciamientos de jefes de estado.
Tristemente, los gobiernos progresistas de la región están practicando
lo que ha venido a conocerse como neo-extractivismo, como venimos
documentando en artículos recientes. Las actividades extractivas
destructoras del ambiente, identificadas con el neoliberalismo, el
subdesarrollo económico y siglos de explotación imperialista,
continúan como antes pero ahora justificadas con un nuevo discurso que
se canta de izquierda.
Para contrarrestar el cambio climático, el problema ambiental más
apremiante de nuestra era, uno pensaría que lo más obvio que puede
hacer un país exportador de combustibles fósiles con un gobierno de
discurso ecologista, sería reducir la dependencia de la economía
nacional en la exportación de estas materias, renunciar a la expansión
de esta actividad extractiva, y dirigir divisas hacia inversiones
estratégicas para promover las energías renovables y financiar medidas
para enfrentar los efectos del cambio climático. Pero en la Bolivia de
hoy nada de esto se está haciendo. La exportación de hidrocarburos es
una tajada más grande de la economía nacional que bajo el gobierno
neoliberal que le precedió. El gobierno de Evo se dispone a abrir la
Amazonia a la explotación petrolera a pesar de las objeciones de
ecologistas y pueblos indígenas locales que serían afectados- el
presidente ya ha declarado que la explotación del petróleo amazónico
es innegociable y que la consigna de "Amazonia sin Petróleo" es
inaceptable, y hasta ha insinuado con poca sutileza que se trata de
manipulaciones de elementos foráneos opuestos al gobierno.
El gobierno boliviano también está emprendiendo masivos proyectos
energéticos y de transporte de gran controversia debido a su impacto
ambiental- autopistas, hidrovías, mega-represas hidroeléctricas-, y
para rematar tiene planes de desarrollar la energía nuclear y ha
expresado interés en explotar yacimientos locales de uranio.
En los otros países de la Suramérica progresista, el panorama
ambiental no luce mucho mejor. En Ecuador, el presidente izquierdista
Rafael Correa abre el país a la minería a cielo abierto, una de las
actividades humanas más espectacularmente destructivas del ambiente, y
prosigue sin reparo alguno la extracción petrolera- excepto en el
famoso bloque petrolero ITT, objeto de la muy celebrada Iniciativa
Yasuní. Ante las críticas, dice Correa que "No crean a los
ambientalistas románticos, todo el que se opone al desarrollo del país
es un terrorista".
En Uruguay el gobierno del Frente Amplio está empeñado en consolidar
el modelo de colonialismo corporativo agroexportador establecido por
su predecesor, basado en monocultivos insustentables productores de
soya y celulosa. Y por su parte, Brasil bajo el gobierno de Lula
abandonó cualquier pretensión de cuidado del ambiente- si alguna vez
la tuvo- y embarcó su pais en un desarrollismo a ultranza con un saldo
ambiental estremecedor. En cuanto a reducir la dependencia de los
combustibles fósiles, Brasil va en dirección contraria. Su compañía
nacional petrolera es la segunda a nivel mundial y tiene ambiciosos
planes para extraer oro negro del lecho del océano Atlántico, en aguas
tres veces más profundas y bastante más peligrosas que donde ocurrió
el calamitoso derrame de BP en el golfo de México en 2010.
En resumen, en este momento histórico es posible y necesario retomar y
reanudar el proyecto progresista tercermundista que se emprendió en
las décadas de los 50, 60 y 70, pero si no se incorporan a éste las
nuevas corrientes de pensamiento ecológico el resultado será la
hecatombe global. Sin embargo, la ventana de oportunidad que se asoma
no es muy grande, como evidencian los traspiés de los gobiernos
progresistas suramericanos. A pesar de las perspectivas nada
halagadoras, no se puede abandonar este emprendimiento. Se trata de la
encomienda del milenio, nada menos.

- Ruiz Marrero es autor, periodista y educador ambiental.  Sus
artículos han sido publicados por Ecoportal, Rebelión, ADITAL,
Biodiversidad en América Latina, la Agencia Latinoamericana de
Información,  Counterpunch, Corporate Watch, La Jornada, Food First,
Inter Press Service, Americas Policy Program, y otras organizaciones y
medios.  Su primer libro, "Balada Transgénica: Biotecnología,
Globalización y el Choque de Paradigmas" fue publicado en 2005.
Dirige el Proyecto de Bioseguridad de Puerto Rico
(http://bioseguridad.blogspot.com/) y su página web bilingüe Haciendo
Punto en Otro Blog es actualizada a diario
(http://carmeloruiz.blogspot.com/).

REFERENCIAS:

Víctor Bronstein "China no es nuestro socio estratégico"
http://opsur.wordpress.com/2011/01/06/china-no-es-nuestro-socio-estrategico/#more-21128
Ricardo Angel Cardona "Evo, Irán y la energía electronuclear para el
desarrollo de Bolivia"
http://www.plataformaenergetica.org/content/2373
Mac Chapin "Un desafío a los conservacionistas"
http://www.llacta.org/notic/041118b.htm
GRAIN "Acaparamiento de tierras en Argentina: un 'manual de
instrucciones' para entregar el territorio"
http://www.grain.org/articles/?id=78
Eduardo Gudynas "Bolivia no debe imitar el desastre de las
hidroeléctricas de Brasil" http://www.fobomade.org.bo/art-1105
Mathias Luce "Brasil va tras la energía y materias primas de Bolivia y
de Sudamérica" http://plataformaenergetica.org/content/2432
Plataforma Energética "Bolivia e Irán a favor de utilizar la energía
nuclear para el desarrollo"
http://www.plataformaenergetica.org/content/2372
Plataforma Energética "Explotación de uranio en Bolivia y una agenda
de problemas y amenazas" http://plataformaenergetica.org/content/2733
Radio Mundo Real "Uruguay: Monocultivos forestales y de soja
transgénica amenazan soberanía alimentaria"
http://carmeloruiz.blogspot.com/2007/10/httpwww_17.html
RAPAL Uruguay "¿Día del medio ambiente o ambiente partido al medio?"
http://www.rapaluruguay.org/Comunicados/DiaAmbiente2009.html
REDES-Amigos de la Tierra Uruguay "El predominio verde del
agronegocio" http://www.redes.org.uy/2009/01/21/el-predominio-verde-del-agronegocio/
Carmelo Ruiz Marrero "Contradicciones ambientales del 'Socialismo del
Siglo XXI'" http://alainet.org/active/36616&lang=es
Carmelo Ruiz Marrero "Gobiernos progresistas siguen apostando al
extractivismo" http://energyandenvironmentmonitor.blogspot.com/2010/10/gobiernos-progresistas-siguen-apostando.html
Carmelo Ruiz Marrero "El nuevo progresismo suramericano y el
extractivismo del siglo XXI"
http://www.cipamericas.org/es/archives/3913
SENA/Fobomade "Se intensifica el extractivismo minero en América
Latina" http://fobomade.org.bo/art-1109
Holly Sklar, editora "Trilateralism: The Trilateral Commission and
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Wolfgang Sachs "Planet Dialectics: Explorations in Environment and
Development" Zed Books, 1999
EF Schumacher "Small is Beautiful: Economics as if People Mattered" 1973
Raúl Zibechi "El estado fuerte y la criminalización de los
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http://alainet.org/active/45424

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